La teoría más aceptada, aunque no la única, sobre la desaparción de los dinosaurios sobre la faz de la Tierra es la de la caída de un meteorito que acabó con (casi) toda la existencia de vida en nuestro planeta. Sin embargo este no es el tema de este artículo, sino lo que sucedería en el hipotético caso que un meteorito de tales dimensiones cayera hoy en la Tierra.

meteorito.jpgEl mismo debería tener un cuerpo de 10 kilómetros de diámetro (el Everest no llega a los 9 de altura) y pesar un billón de toneladas aproximadamente. Su entrada en la atmósfera y su encuentro con la corteza, a una velocidad de 40 kilómetros por segundo tendría un efecto apocalíptico, siendo la velocidad del impacto lo más devastador. Para tener una simple medida de comparación, un meteorito de un gramo de masa, comparable a un garbanzo moviéndose a 40km/s genera tanta energía como un auto de una tonelada chocando a 140km/h.

En el impacto, el cuerpo descripto generaría un infierno comparable al que habría desencadenado la explosión de miles de millones de bombas como la explotó en Hiroshima. El mismo, al entrar en nuestra atmósfera aparecería en el cielo como un cometa de tamaño y luminosidad como el Sol, desprendiendo una luz cegante en el momento de la entrada debido a la fricción con el aire.

El chocque generaría un impacto de 200km de diámetro y decenas de kimómetros de profundidad. El meteorito se pulverizaría y una parte de la corteza terrestre también, elevandose la roca vaporizada y los desechos sólidos en una especie de hongo incandecente de cientos de kilómetros de altura expulsando dióxido de carbono y cuarzo fundido.

En cientos de kilómetros a la redonda la destrucción sería instantánea y además se generarían terremotos y maremotos prolongando la zona de devastación. La materia expulsada cubriría rápidamente la Tierra por encima de la atmósfera, ocultando la luz y sometiéndonos a la oscuridad por meses o años.

Muchos de los fragmentos sólidos volverían a caer ardiendo a miles de kilómetros de distancia, arrasando bosques y demás, generando más espesa la capa de hollín.

La diferencia entre si el impacto fuese en el océano o en tierra firme no es muy grande cuando se trata de objetos de semejante tamaño. Al caer sobre el océano sería como tirar una piedra sobre un charco no muy profundo. En este caso se supone que sería más mortífera, se liberarían grandes cantidades de vapor cubrirían de nubes el planeta, se generarían tsunamis gigantes y se rompería más facilmente la costra que cubre el magma fundido del interior de la Tierra, la cual es más delgada bajo el mar.

Los efectos secundarios serían los más catastróficos y globales. La oscuridad interrumpiría el proceso de fotosíntesis de plantas y algas, rompiendo así la cadena alimentaria tanto para herbívoros y carnívoros los cuales morirían simplemente de hambre. Todo esto se daría en un escenario de oscuridad y frío.

El aire y el mar resultarían envenenados por el hollín y la producción de ácidos sulfúricos y nítrico; además por el nitrógeno del aire a tan altas temperaturas. La lluvia ácida sería letal para las especies marinas.

Luego sobrevendrá un período en que tras los fuegos y la oscuridad, con la atmósfera cargada de dióxido de carbono se desencadenará un efecto invernadero que mantendría las temperaturas elevadas y la sequía durante cientos de miles de años.