Cerca de Malpica, en España, Julián Otero Suárez, de 13 años, se enteró de los deportes favoritos de Dennis Davis, lo que le gusta y lo que le disgusta, dónde vive, cuando su padre, Desiderio Otero Pose, halló una botella en la playa con un mensaje del muchacho de la Florida.

El mensaje en la botella forma parte de un proyecto creado en 2003 por una ex profesora de biología de la secundaria de Oak Ridge, Carie Jarnot, para enseñar sobre la corriente del Golfo.Los profesores enviaron las botellas a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica en Miami, cuyos encargados las embarcaron en una nave de investigación hasta el Golfo de México, donde las arrojaron al mar. Jarnot dijo que ella y su compañero recibieron docenas de respuestas de gente que halló algunas de las botellas, principalmente en las Bahamas.

Esto de los mensajes en botellas y la utilización de este medio de comunicación tan antiguo y singular es algo que hoy sólo vemos en las películas. No es una forma de comunicarse demasiado útil debido a que no es posible seleccionar un destinatario fijo aunque bien puede de cierta manera elejirse el lugar de destino del mensaje. La principal ventaja del sistema es que cualquiera y sin demasiado costo puede enviar un mensaje a varios kilómetros del lugar de emisión.

Es una situación muy especial encontrar un mensaje de esta manera, conocer quien lo envió y por qué, y saber que el único vínculo que une al receptor con el emisor es esa carta que fue escrita sin un destinatario preestablecido.

Siempre en casos así se generan historias como par contarle a los nietos, porque sea quien sea el que encuentre esa botella no deja de ser una situación atípica. Por ejemplo hace poco se conoció que una niña de seis años tiró al mar una botella con un mensaje en su interior en Escocia para que viajara hasta Escandinavia, pero el envase fue hallado 47 días después en Nueva Zelanda, viajando a un promedio de 28 km/h.